Pasan las horas
y no te tengo.
Las marca un reloj
que cruje por dentro;
que chirría roñoso
pues no lo engraso
desde hace tanto...
mucho tiempo...
Caen los segundos
como arena
sobre el fondo
de piedras
de un río seco
y viejo,
donde nada crece
con la sal
que dejaron las lágrimas,
haciendo aquellos surcos
con su caudal.
Pero el reloj roñoso
vuelve a funcionar
entre quejidos esforzados
de extreñido,
derramando como arena
la montaña de polvo
acumulada
entre sus ruedas,
que se llueve
sobre las piedras
desnudas y afiladas
del lecho;
cubriéndolo,
preparándolo para recibir,
como lluvia,
la saliva de nuestros besos...
Tras polvo, arena, agua
y óxido de hierro...
La vida,
nuestra vida...
volverá de nuevo...
J.ROBERTO MARTÍNEZ DELGADO (150712)
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